9 de abril de 2011

HUMO DORMIDO

Este Miró tan poco leído. Casi más que un muerto para la gente, es uno de mis maestros preclaros. Cuando digo Miró, digo su obra, que es donde vive y renace y resucita.
Y hasta creo que alguna o algún novelista histórico y panfletario, que usa las canalladas cometidas por el fascismo, el sufrimiento de la gente en la Guerra Civil 1936-39 y luego, a manos del franquismo pimpante..., luego a pies de los sociatas hasta la fecha..., para untar decencia a estos últimos, que la han homenajeado grandemente y casi obligado la lectura de sus cosas desde la prensa a la escuela, pasando por campañas institucionales a costa del erario público, para lustre y fama de Este Miró tan poco leído. Casi más que un muerto para la gente, es uno de mis maestros preclaros. Cuando digo Miró, digo su obra, que es donde vive y renace y resucita. Y hasta creo que alguna o algún novelista histórico y panfletario, que usa las canalladas cometidas por el fascismo, el sufrimiento de la gente en la Guerra Civil 1936-39 y luego, a manos del franquismo pimpante..., luego a pies de los sociatas hasta la fecha..., para untar decencia a estos últimos, que la han homenajeado grandemente y casi obligado la lectura de sus cosas desde la prensa a la escuela, de las que nada o poco se aprende. Y este, Gabriel Miró, olvidado, que hasta el mismo título se lo chulearon por la jeta. Sólo que con voces y poco humo.

Recuerdo la primera lectura de una de sus obras, Las cerezas del cementerio. Hace mucho tiempo ya, casi cuarenta años. Título que tal vez tomó traducido, él mismo, de un autor ruso anterior. Y además el ejemplar que manejé era la primera edición, vieja ya, de los inicios del siglo XX, proveniente de una biblioteca de un señor que estuvo por el Madrid de los años 1920 y 1930, de Llerena, y que incluso fue residente en la famosa Residencia de Estudiantes... Pero en otra ocasión haré referencias a aquella biblioteca preciosa y medio desaparecida ya.
Miró, Gabriel (1879-1930)
Novelista español. Nació en Alicante. Admiraba en Juan Valera su rechazo a la división rígida de los géneros literarios. Las novelas de Gabriel Miró pueden calificarse de líricas porque en ellas utiliza la técnica del fragmentarismo, que se ha llegado a asociar con la presencia en su obra de la estética del cubismo; hilvana escenas dispersas; recurre a elipsis; abunda en imágenes sensoriales y sinestesias; recupera la técnica de las estampas y de las tablas en una obra como El humo dormido (1919). Entre otros títulos, se destacan Figuras de la Pasión del Señor (1917); Libro de Sigüenza (1917), nombre este último que aparece como el doble del autor; Nuestro padre San Daniel (1921); El obispo leproso (1926), que desató el escándalo de los grupos conservadores y clericales e impidió su entrada en la Real Academia Española; Años y leguas (1928). Murió en 1930 en Madrid.
EL HUMO DORMIDO
Evocaciones de ambientes y estampas con lenguaje propio de Miró, donde residen los sentidos trascendiendo las emociones, el tiempo, el humo dormido de los recuerdos, en un presente sin fin. ¿Qué es el hombre?, la seducción del poder, la corrupción social de un ser creado a semejanza de Dios, la vida artificiosa de la ciudad, obra de los hombres y lo menos humano según nuestro autor, son más que temas que se patetizan en las líneas de este libro.

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