26 de abril de 2011

ARTE Y REALIDAD

Era un grupo escultórico que representaba a unos chicos jugando a piola. Pero era una estatua. Era, sobre todo un juego de espacios, huecos, llenos, aire y materia. Eso era. Que aludía a la realidad. Cualquiera, medianamente en sus cabales, se daría cuenta que el niño que salta por encima del que apenca es artificio, aunque sus manitas parezcan que aprietan al otro en la espalda, del peso..., o la niña, que está detrás, semeje moverse y bailar el siguiente salto, y sea inestable con ese pie levantado, la mano atrás, la mirada fija y certera en su salto...
Pero como la formación estética no existe, no se educa en aceptar el juego de arte como otro mundo, otros valores, otra cosa... Pues casi todos confunden arte con realidad, o la realidad el referente que valida al arte y su parte.
De manera que, para remate de su espesa, inexacta, estúpida crítica sobre aquel grupo escultórico, dijo lo de además ese burro está al revés. Con lo que la risa estaba servida para el infinito.

Si al menos se leyera o releyera el Quijote. Esto no pasaría. No se confundiría realidad con arte. Que esa es la enseñanza de fondo y forma del mismo.

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