2 de junio de 2010

LOS RINGORRANGOS

Parece como si un arte no fuera reducible a Dinero, no fuera arte. Parece como si el arte que no fuera promocionado por el Poder y la Administración no fuera arte. Parece como si los que hacen arte no estuvieran amparados, manipulados, profesionalizados, auspiciados, valorados, comercializados, protegidos (¿ante qué?), pagados, impuestos por los que mandan y administran, por los Bancos y sus Bolsas, todo lo que se hiciera no fuera sino humo y nada. Parece como si el Poder, a través de sus Mercados, Teles, Bibliotecas, Escuelas, Colegios, Universidades y todo garito de su predicación, no ampararan a los que escriben, eso no sería nada de nada. Sería como un juego inane de niños y que a nada se reduciría. Tiene que ser avalado por el espacio de Poder (Dinero y Políticos Profesionales) pertinente.
Hemos llegado así, tan ricamente y por ese deseo de esclavos voluntarios, a un punto de dominio y domesticación que ni siquiera soñaron los inquisidores medievales, esos de las peli malas de malos y de novelas históricas de moda. Unos niveles de control, mental, estamental, comercial, estético, personal, incluso paramental que dan mareos. O debieran dar mareos y dolor de morra.
Las ferias y los premios configuran casi toda la puesta en valor de una obra literaria, junto con la Fama o Ser Conocido y Nombrado y Todo Eso. Escribo deliberadamente con mayúscula todo aquello que es Poder o similar, salvo en los casos pertinentes que el sabio lector colegirá y discernirá con su sobrada inteligencia.
Pero parece que la creación y la cultura son peligrosas armas de libertad, como para que anden a su albur y buen rollo por ahí, y en ese caso mejor se les controla y se dice qué vale y qué no vale. Y quien mejor para eso que Quien Manda y todas sus manifestaciones en la Tierra. Y para eso qué mejor que la Administración del Poder y del Dinero, esto es el Estado, sabiamente gobernado por la clase política pertinente, que lo sabe todo, lo valora todo y, como dios subido en su pedestal, lo define todo. Y el que se atreva a dudarlo pues peor para él. Curiosamente eso es una verdad absoluta para gentes que se dicen ateas, no creyentes, para gentes que se dicen de izquierdas, que son los que más desean ese pontificado del Poder y del Estado y de los Políticos Profesionales, de sus Mercados, Dineros, Monedas, Bancos. ¡Es que sino a ver!, me dicen, como diciéndome tonto.... Esos llamados progres son los más deseantes de que el Estado y sus dioses pongan en verea la libertad creativa, la ordenen, disciernan, despachen, ferien, la mercachiflen toda, y digan quien es quien…, para que, en las elecciones –por ejemplo- pues eso, tirar de sus mesnadas de escritores y poetas de fama y abolengos para campañas de lo que sea, que tiene mucho valor, sea tocándose el bajo vientre, la ceja, la oreja o la punta de la nariz, como símbolo orquestado por el Marketing que todo lo puede y sabe y es…
Encontramos que los mercachifles inventaron eso de la feria de libro, a imitación de la feria del ganado o de la cerveza, la del pan y en vino, la feria de los encurtidos y del queso, la feria de la manta zamorana y del cubierto de plata, ferias del queso de cabrales y de la miel del Bierzo, la feria de la onza de chocolate y del pan pringao, la feria furiosa de la música de pandereta, la de lo que es más y más y más… La cosa es reducir cualquier actividad humana a moneda, a euros ahora, y a peseta antes. Sino no tiene valor, no vale nada. Porque un poeta que escriba muy bien si no vende, ¿para que coño vale, dígame usted?, ¿qué quiere un tío así, dígame?, ¿o es que pretende agotarnos la paciencia y chulearnos?, ¿o es que tal vez es una forma y modo de nuevo mercantilismo, marketing heavy y chulo?
Que en este mundo concebido y reducido a maldad, por la crisis y sus auspiciadores, y antes por la peste y la guerra, la pobreza y, en definitiva, por la estupidez, nadie se fía de nadie y todo es triste trapicheo de putambres varias.

Por ello iniciemos la limpia y purificación diciendo nones a todo eso.

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