22 de junio de 2009

UN GATO CALLEJERO: OTRO








Gato que brincas na rua
Como se fosse na cama,
Invejo a sorte que é tua
Porque nem sorte se chama.

Bom servo das leis fatais
Que regem pedras e gentes,
Que tens instintos gerais
E sentes só o que sentes.

És feliz porque és assim,
Todo o nada que és é teu
Eu vejo-me e estou sem mim,
Conheço-me e não sou eu.

Fernando Pessoa, 1931



gato que rulas la vía
como si fuese tu cama
envidio tu suerte que es mía
porque ni suerte se llama

siervo de leyes fatales
que rigen piedras y gentes
con instintos generales
sientes sólo lo que sientes

feliz porque eres así
todo o nada que es lo tuyo
te veo y estoy sin mí
me reconozco y me huyo



Versión de Agustín Romero Barroso, 2009






La noche del sábado pasado, sobre las altas horas de las tres y algo, cuando volvía a mi casa, por el barrio de la calle Curtidores, en Llerena, he oído unos maullidos tremendos, lejanos y claros, continuados y persistentes... Me he orientado, y como no cesaban, pues rápidamente he llegado al sitio de donde venían. Es una casa de esquina y vieja, totalmente en ruinas. Hace esquina de la calle Curtidores, larga, con la calle de la Tenería, más corta... Sobre el umbral se mueve el que lanza los maullidos y que calla al notarme... Es un gatito casi recién nacido, con lo s ojitos cerrados que cabecea, una cosita ínfima que manea y se mueve tembloroso, como un flan del miedo y la perdición... Cerca de él, en el asfalto de la calle, laminados por las ruedas de los coches, parece que eran como dos gatitos más, en un charco de carne y sangre...

La rueda de la fortuna
nunca puede estarse quieta,
con vuelta y media que dio
me trajo para esta tierra
En situaciones como estas recuerdo el romance anónimo que canta Joaquín Díaz, escuchado hace mucho tiempo, en una época en que aquellos romances truculentos me fascinaron...
Cojo en mi mano el gatiño y me sobra mano. Maúlla como un descosido. Miro adentro de la casa, por las rendijas de la puerta destrozada, por si hay alguna gata que los traía, llevaba, o vete a saber... Nada de nada... No hay tampoco más sobrevivientes... En fin, trato de calmarlo poniéndomelo en el pecho, a corazón latiente... Pero el minino no cesa de gritar y venga a gritar, aunque en el camino corto que queda a mi casa se calla brevemente. Cuando llegamos lo veo bien, lo ausculto... Es de color oscuro, casi negro, gris muy oscuro con las patas delanteras con pelillos claros y las traseras como con rayas más oscuras sobre una piel más gris... A mí me parece que tiene algo de siamés... Y es como macho, aunque eso es imposible casi de adivinar; pero lo fantaseo, lo apuesto, lo juego... La panzita redondilla y las garras como en remedo todavía se abren al aire y maulla y araña, y pide y se lanza y quiere subir no se sabe qué cielo de gatas paridas con ubres llenas de lechitas, y se lanza de cabeza a no importa qué abismo... Quiere vida y mami y teta... Busco leche y la templo al microndas. Una jeringuilla me ayudará a poner en su pequeña boca el líquido... Así hago, aunque la boquita es minúscula y roja... Chupona observo que se pega a la jeringa y mama, con ansia, sin miedo y tanto que la leche le sale por la nariz del trago... Resopla, vuelve, maulla y como que no quiere más... Han sido casi cinco centímetros cúbicos los trasegados... Busco una caja de cartón... Todo con el gatillo en las manos se vuelve difícil, y no quiero dejarlo suelto y no veo sitio para soltarlo de tan inquieto como es... Lo meto en la caja grande. Araña el cartón y avanza dando maullidos a un lado y al otro. Maullidos muy fuertes... Busco un paño de cocina, dos viejos, y se los pongo de fondo y cama. Arrugo hojas de periódico y se las echo para que se sienta con algo. Como tiene cerrados los ojillos todavía... Se va calmando, y los maullidos no son ya como desesperantes y se vuelven temperados, desesperados; pero como normales.

A todo esto, mi gato Gurruñeta ha estado atento y ha sido testigo. Ha venido en su momento y se ha acercado, ha olido al peque, me ha mirado muy serio, se ha ido, ha vuelto, ha mayado como casi nunca y como con preocupación adentro del patio, a la noche, al destino, a la calle, de donde él también vino un día. Casi como éste que se va entonando y ya se calla y de cuando en vez lanza un mayido como eco lejano del miedo y la desesperación, la amenaza, la soledad, la muerte...

He llamado Gurruñau a mi gato Gurruñeta... Y es que mi gato no tiene un nombre cerrado. Es abierto y múltiple. Depende de la hora del día, del temblor del suelo o del clima, de las horas de sueños o del estado de ánimo, que lo llamo de una forma o de otra. Y él me entiende. Porque mi gato es también muchos gatos, e incluso soy yo mismo, como sus nombres atestiguan. Gurruñeta, Gurruñau, Gurruñu, Pumby, Pombito, Fuchiny, o Fuu-Xi-Nni, Fuchi, Dameso, Gurreta, Pon-Vi-To, que son algunos sólo los que recuerdo. Que los más se me pierden a esta hora, y ya estoy anotando todos los nombres del gato para ponerlos en una entrada, que eso es lo mínimo que necesitan... Y luego más, que a buen seguro la vida en su decurso nos traerá otras formas de nombrarle, que serán del futuro y la vida...
Bueno, pues ahora se trata de sacar adelante al nuevo compañero que tenemos. Empeño no falta. Rabia tampoco y esperanza a raudales. Pero esto requiere ciencia y consejos de gente con experiencia. Fauve, Rafa, Lidia y alguno más asesoran y agradezco. Mi amigo Manolo me dice que seré el rey de los gatos del barrio y, bueno, tal vez lo sea un día, dentro de un milenio en algún barrio como este y una población como Llerena y en el mundo, la vida el universo. Un gato rey...
Y he recordado ese poema de Pessoa, y lo he traído. Lo he versionado. Él fue un poeta que era muchos, incluso un gato, cualquier gato que brinca na rua; eu sou muitos que são um poeta...

2 comentos:

Fauve, la petite sauvage dijo...

Un gato que se aferra y lucha por la vida con tanta rabia y tanta fuerza que sobrevivirá, ¡fijo!
Precioso el poema de Pessoa; muy curiosa tu interpretación ;-)
Mucha suerte para el minino, que consiga la vida que tanto anhela y que el Gurretas tenga un estupendo compañero de juegos y de camino, que los dos se merecen, y a ti, y tú a ellos.

Ana dijo...

Hacía eso mismo con perros callejeros que encontraba por ahí, llegué a tener 5, una jauría. Ahora con tres chicos, me da para una sola perra, que rompre toda la casa, del jardín ni hablar. He tenido que poner cañas como un cercado alrededor de los perejiles, las lavandas, las calas, porque la muy guarra se echa encima de las lavandas, se ve que quiere perfumarse...
Un beso grande

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