5 de abril de 2009

PODER DE LAS PALABRAS

Uno, hace unos días, expuso aquello de que el mundo, nuestra concepción, idea, sentimiento, visión del mundo, se sustenta en nuestro pensamiento, que nos hace singulares y existentes (lo del coito ergo sum también, o lo remata), y éste se apalanca en la materialidad de una lengua, en las palabras. Y déjense de monsergas de sentimientos, sensiblerías y otras tonterías de señoritos en cuaresma. En esta época de crisis y refundaciones (todos se han vuelto neocon), este tiempo de vigilias con los ojos abiertos, en este tiempo de mentiras y subterfugios, añagazas y uso de la lengua y la palabra como mera materia de traza de le mentira y en gatuperio, publicidad, propaganda, anuncio, metralla mediática, proselitismo comercial y del otro, cuando no como instrumento de autoalabanza y vesania trepadora de fama, gloria, ventas, comercio editorial, como hacen los más de poetas y escribidores mendaces y malos, impuestos por el sistema de publicidad y propaganda del Mercado, cuando no creando enredos y engaños justificadores del tinglado, o para que la gente mire a otra parte, engaños usando las palabras para alienar a la masa o más bien, si se deja, chusma ya, bazofia social...
Hace algunos días escribí de esto mismo, de la palabra como creadora, de la palabra creadora y generadora de un mundo mejor, justo, libre, veraz, inteligente. Y si no es así es porque los que oficialmente llaman poetas, bueno esos que los poderes en mando llaman poetas, porque los impone con sus mercados y capital, esos poetas están empeñados en seguir nombrando y usando la materia con la que se hace literatura, arte, poesía, y los escribidores de prosa al servicio del poder y de sus subvenciones, editoriales, podres, instituciones y el apoyar la palabra prostituida de ese poder, la palabra corrompida y desusada, la palabra secuestrada y asilvestrada, la palabra trampa y trapacera, la palabra que no se nombra y está secuestrada... Y al ser la palabra portadora del pensamiento, expresión fiel del pensamiento, de manera que palabra y pensamiento son únicos y son unidos, y son los mismo y singulares.
Es materia ésta que me apasiona, porque sé, como guerrillero que aspira a volar el dominio imperante en mil pedazos, y destrozar su realidad de esos billones con que se autofinancia la mugre del Capital y sus veinte obamas en estos días. Y sé como poeta y como artista que trabaja con la materia de la lengua, las palabras, que la subversión se inicia con sus usos, sus practicas. Pero sobre todo con el boicot a la jerga que el poder establece, cualquier poder, la guerra al uso indebido, al impuesto por sus medios, de la índole que fuere. Por cortocircuitar ese uso indebido, interesado, mentido de las palabras. Por mera cuestión de estética más que de ética.
Me alegra mucho cuando algún barbián de los de mollera comida se acerca a mi prosa, o a mi verso, y arruga el hocico, gesticula y hace ¡fuuuu! sobre mi estilo. Me encanta épater le bourgeois con la lengua, repatear a los enteradillos y sobre todo a la linda progreretrogresía en mando y ufana de que está en la realidad de las cosas, en el quid de la cuestión, a esos que ningunean a un ácrata y sonríen, perdonadores de la vida, con beatífica sonrisa de oreja a oreja y cara de sabelotodo social, esos que han pasado por universidades y cuelgan título como si nada hubiesen vivido, esos que leen con fruición El País como la biblia del palo de lo que es y no hay otra cosa, o si la hubiere es peor, por supuesto, moverle la silla y decirle de manera que les patine las meninges, que no es nada difícil. Cuestión de estilos. Voy por buen camino. Incluso he utilizado, y uso, foros y lugares para expresarme, que sé a conciencia que son de gente del orden imperante, en el que me recriminan mi estilo, de forma evidentemente sobrada y engreída de estar en la verdad, porque mi estilo les patina, les descoloca sus creencias y opiniones, esas memeces en que sustentan unas palabras prestadas y cogidas con alfileres, gastadas y sobradas, con las que ni expresan nada ni nadie, sumidos en total alienación, pobres. Especialmente la palabras democracia y socialismo, bueno y todas esas que se les caen de las bocas a los polismilis, sobre todo si mandan.
Por eso cuando me encuentro algo o alguien que reflexiona sobre ello vibro. Y no me interesan tanto los concienzudos estudios de sociolingüística como lo más vivo de alguien observador y a la contra de lo que está impuesto. De esta manera frecuento lugares non sanctos para la gentuza de orden y pacto por el pp al socialismo, que esa es la matraca que los del psoe han hecho, destapando ya todo lo que hay que verles, y aun así el personal seguirá fanático votándoles…
Llamar a la libertad democracia, o al porno llamarle sexo, cuando es donde menos sexo hay, si hubiere, sino comercio genital, es una de las canalladas terroristas del lenguaje que usa la gente de hoy, marcada por el Mercado, confundir usuario y consumidor por ciudadano libre… Y nadie espere que en los diarios o prensa asilvestrada y hecha en los madriles, capital del reino, puede acontecer algo liberador o mínimamente sensato, o sabio entorno a esos engaños. Esa prensa del centro del cotarro es la que manipula la lengua y usa esa lengua gastada para dominar. Por eso, contra ella.
De uno de esos lugares traigo estas maravillosas reflexiones:
El lenguaje nunca es inocente y Sabino Cuadra lo deja claro a través de numerosos ejemplos a lo largo del artículo. «Los patrones no son empleadores, sino explotadores»; «los trabajadores y trabajadoras no somos recursos humanos, sino personas»; «la violencia contra las mujeres no es doméstica, sino machista». La generalización de éstos y otros términos está asociada a un sistema social y económico, el capitalista, que atraviesa una crisis de todos conocida. Una crisis que brinda la oportunidad al renacimiento de las ideologías y ante la que «hay que avivar el fuego y apagar la tele. Llamar al pan, pan; al vino, vino; y al ladrón, ladrón», mantiene Cuadra Lasarte.


VIVA LA
TERCERA
REPÚBLICA

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