25 de enero de 2009

LA JUSTICIA ES ANSÍ , O LOS DE ARRIBA

Bien es cierto que algunas veces para criticar algún asunto, con criterios y claridades, merece la pena recurrir a experiencias personales que ilustren la crítica que se hace. Esto viene a cuento del artículo, hecho con rapidez y ciertas imprecisiones, de la delegada del Gobierno en Extremadura, más llevada de la llamada apagafuegos del movimiento de los jueces, que por la verdad de solución y aclaración de los males que ocurren en la administración de Justicia no ya puntuales, sino endémicos de la propia cosa. Debe ser una especie de circular del ministerio del ramo para hacer la antipropaganda de ese movimiento huelguístico, contra al Gobierno, por parte de otro estamento de poder, como son los señores jueces. Aunque ya se sabe que perro no muerde a perro... Tanto los unos como los otros no entran, ni consideran siquiera, los graves asuntos que atañen a la ciudadanos de a pie, la gente de abajo, las graves causas y hechos de crasa injusticia, el servicio contrario que hace la administración del ramo de Justicia, y su servicio como herramienta para eliminar oposición real al régimen imperante y de dominio, en el caso vergonzoso contra la izquierda en Euskadi, por ejemplo y por sistema, que es contra toda la izquierda en todos sitios. Y el juez Garzón como inquisidor supremo y andalusí del asunto. Pero de eso hablo en otro sitio luego...

Algunas de las sensatas personas que me leen, que se acercan a este sitio y leen, cuando lo hagan sobre los jueces o la Justicia (con esa mayúscula de marca, que no de ser), se escandalizarán y dirán de mi acidez, de mi radicalidad, en ese sentido pendenciero y negativo con que se ha cargado la hermosa palabras radical, la que va a la raíz de los asuntos, la que calcula razonablemente, pues razón y raíz proceden de la misma etimología, de ahí también lo de raíz cuadrada y racionalidad que es lo mismo que radicalidad…
Bueno, que me enrollo con disertaciones de significados, buscando el de justicia. Tengo por lo contrario de lo que se dice ser la llamada administración de Justicia, con todos sus golpes de pecho, sus trabajadores, que no dudo que son honestos en el ejercicio de su trabajo; pero como el sicario o el verdugo, hacen mal de fondo. Mucho mal y sirven al espíritu retrógrado, negro y demente del Poder establecido contra la libertad siempre. Y no exagero, ni por mi experiencia personal, ni por lo que vi, veo y veré de otros casos sangrantes, que no son excepciones, sino regla. La llamada administración de Justicia es la prueba palpable de que eso de la democracia es un cuento en manos de los poderosos y la propaganda; pero nunca realidad vital y operante. La administración de Justicia sumida en una carquería y antigualla enorme y pantanosa, lerda en todo, torpe en más, servil del Poder por el Poder, y de las leyes como mazo de ese poder entendidas desde las covachas de esa administración de Justicia, sea en los grandes asuntos, sea en lo cotidiano del ciudadano de a pie… Es el Poder descarnado, antiguo, sin careta, ofensivo, es la faz del Mando y de sus Férulas.
Sólo en tres percances me las vi con la llamada Justicia. Que soy persona de un impecable orden de respeto a vidas, en todo su sentido, y bienes de los otros. La primera fue cuando sicarios o compañones del psoe me motejaron de etarra, mataniños y ponebombas, entre otras lindezas similares, cuando fui destinado, por mi trabajo, en Llerena, allá por el año 1995. Era un tiempo oscuro y tremendo, en el que llamar a uno todo eso, en un medio de comunicación como el diario HOY era matarlo civilmente, y exponerlo a que lo mataran físicamente, pues no estaba el horno para bollos y los GAL tenían la mano mu larga, pero que mu larga. Y no fue un pronto, un despiste, algo de un arrebato de insidias contra mí, que no, fue algo maquinado con toda la vesania, cálculo y maldad del mundo, con toda la torpeza y malaleche que se puede tener. Ya en algunos lugares de Andalucía se había demonizado a alguna gente de esta manera. Y recuerdo, muy de lejos, la consideración de peligrosos etarras a cuatro ciudadanos, que la las fuerzas de orden de la Justicia y del Poder y del Gobierno quemaron vivas en el famoso caso Almería... Llamo a esto memoria histórica contra el uso electorero que hacen de ese concepto algunos propagandistas e historiadores llamados, con consciencia de ello o sin ella, de los que mandan. No olvido todo eso, no perdono. Usan esa acusaciones como medio de desprestigiar, en lo político y personal, y hacer caer sobre sospechas de confabulaciones terroristas y de ocultas intenciones con el terrorismo internacional, algo que luego Bush aprendió a niveles más excelsos y elevó en su cruzada. Los gobiernos del tal González, famoso sociata, fueron prolijos en ilustrar e incentivar y usar todo eso. Memoria de elefante contra ese gañán sevillí, que ha amasado una fortunita en América... A mí me elaboraron ese Guantánamo particular y oculto de acusarme de etarra, mataniños y ponebombas, como a los asesinados del caso Almería. Y no rectificaron un ápice, y en comandita lo sostienen desde entonces, como piedra angular para mi deshonra y muerte civil. Sobre todo micer Ibarra, que a mis requerimientos continuos dirimió que por algo sería... Lo cual expone su pelaje de tipo más peligrosos que lo que sus muestras de desgobiernos han dejado en toda Exremadura. El rompedor de cristales, que se ofende mucho si se le define, diciendo que se le insulta… Apártete que me tiznas, dijo la sartén al cazo… Así son los sociatas de campañeros en sus atentados, como cualquier mafia organizada y cualquier grupete de criminales. Por eso pienso y sospecho que ETA es para ellos un estupendo instrumento para, usado más con zafia que con sabia utilidad, reportarles pingues beneficios. Desde eliminar civilmente a alguien para los restos, hasta ganar una elecciones, con el victimismo bien temperado ante los electores aterrados. Sé lo que me digo, y ni exagero ni miento. Que me inviten a dirimirlo en una de sus teles con plena libertad de expresión, que ya veremos, ya. Porque en lo que atañe a mí tengo pruebas que averguenzarían a las cosas mismas.

Bien, pues vamos a lo de los jueces y su oficio de mamporreros del Poder contra la gente y la justicia. Denuncié el asunto al fiscal general del Estado que actuó con premura inusual, para mi asombro. Comparecí ante una fiscal del destacamento competente a mi localidad, en Zafra, y el asunto fue a manos del juzgado de Llerena. Allí nuevamente me citó una juez, que me informó si tenía algo más que aportar en mi denuncia, y que se arrugó por la zoqueta manera del ataque del abogado de los sociatas, a la sazón el profesional de la zona con más vileza para defender lo indefendible, y pájaro viejo en artilugios y manejos de la Justicia, y utilización de esos vericuetos negros que la dominan desde Arriba, Estaba el tipo cuando comparecí ante la juez y apenas dejó que aquello fuera una reunión normal, pues interrumpía, ladraba, vociferaba. Y luego vino a mi, a la salida y se disculpó que no tenía nada personal,; pero que era su trabajo. Y la juez lo dejó hacer, que parecía que me comía. Todo ello para que el asunto, que tan rápido iba para mi asombro, se empantanara al considerar la juez que lo llevaba, que el asunto debería juzgarse en Badajoz, debido a que el delito se cometió en un diario publicado en ella. La jueza, por miedo más que por otra cosa, se inhibió y soltó el asunto en Badajoz. Yo era parte personada, por supuesto y debería dárseme punctual información de lo concerniente a aquello. Bien pues a partir de entonces nada recibí. El silencio más absoluto, y me enteré de forma oficiosa de que estaba en Badajoz. Que fue a caer en uno de esos juzgados pantanosos y lerdos de una capital de provincia, que está siempre en ebulición de cambios y de personas, y en donde perderse una cosa como la mía era normal. Y así fue, como comprobé años después, al informarme la secretaria de aquel juzgado, donde cayó mi denuncia y acusación, como no fue hecha justicia, sino que contra toda ley y derecho el juez pertinente decidió archivarlo, sin ponerlo en mi conocimiento, al que tengo derecho y está obligado por ley, ni na de na. Estupendo el trabajo del abogado de los sociatas, me he dicho siempre. Y el servicio al Poder y los que Mandan por parte de todo el aparato judicial. Si bien tengo que aclarar que la secretaria ante la que pedí información años después, y que se había incorporado hacía poco, y era por oposición, crítico el asunto duramente y me invitó a denunciarlo ante las instancias pertinentes, Consejo del Poder Judicial y el mismo Juzgado. Que aquello era muy gordo. Y no lo hice, pues no prescribe nunca, y ahí está como ignominia de la Justicia y su administración, palpable y clara.
Y ese fue el primer caso en que comparecí ante un juez, no en calidad de acusado, sino de acusador. Pero así se demostraba, en mi breve práctica, la teoría que siempre creí: la llamada Justicia, el estamento administrativo llamado Justicia, está al servicio de los que Mandan, de los de Arriba, de los que manejan y atentan contra todos y especialmente contra los queremos libertad, verdad y justicia. Mi caso, ese caso, es muy aleccionador, muy ilustrativo de todo eso, muy clarificador, y no un simple error.

Y ya estaría dicho todo. Pero luego vinieron los otros dos casos en que me he visto ante un ministro de la Justicia, esto es, ante un juez. Uno lo resumo breve, pues la cosa anda ahora por las alturas del Constitucional. Y es relativo a irregularidades de la administración de alto calibre, que van desde la conculcación de derechos y garantías constitucionales por parte de la administración educativa, en su aspecto de inspección, encubrimientos de pruebas de acoso laboral, hasta pérdida irresponsable de documentos, cuya custodia compete a la administración autonómica educativa (Dirección General de Personal Docente), y un largo y vergonzoso etcétera de como pajea cierto personal que habita en servicios de inspección docente, sus jefes políticos y animales semejantes, que me atrevo a acusar de cometedores de todos los estropicios y vilezas contra el sistema legal establecido, y hacer lo que les da la real gana, y encima cuentan con el beneplácito de los jueces, con pruebas palpables, congruas y apabullantes, que eternizan en contenciosos-administrativos que aburren a un muerto, por la ineficacia de los jueces y su Justicia, su falta de valentía, y la laboriosa faena de los abogados del Estado que acojonan, embisten y son los perros guardianes de auténticas barbaridades, como si sólo los jerarcas que cometen los desaguisados fueran de su férula al servicio de todos. Y callo que la cosa es espesa; y el que sepa algo lo comprenderá. Que somos cada día más los ciudadanos que nos vemos en estos espeluznantes artilugios en donde la ley y los derechos y obligaciones son tergiversados como poco e ignorados como más, haciendo los ejecutores lo que les sale de sus reales pinreles.
Y el tercer caso, y último, en que comparecí ante una juez fue, digamos, el más chusco y a cómico, sino fuera porque apuntala mi sentencia contra eso de la Justicia: la denuncia, sin prueba alguna, de que había hecho una llamada a las cinco de la tarde a la policía local de Llerena y le había estado hablando a un guardia como más de media hora, con infamias al alcalde y otras autoridades políticas…, según atestiguaba un lince de policía local en Llerena, con memoria portentosa, pues recogía en un folio literal lo que dice que le dije. Sin pruebas, pues ni siquiera estaba grabada esa llamada, ni constaba en el registro de llamadas de la policía… En fin, el fiscal que asistió al juicio rápido del que fui objeto recriminó a la juez su forma de actuar habiendo admitido aquello a juicio; pero la juez hizo lo que le dio la gana, contra ley y derechos, no incluyendo las declaraciones del fiscal, por ejemplo, ni recoger casi nada de lo que me dejó testimoniar, sino que actuó a piñón fijo para servir bien al señor que me había denunciado, alto preboste de la política regional, con mando en Plaza, y ella era jueza en aras de trepar y volar a altas instancias de servicio en esa línea, pues su papito también había sido sujeto en la cosa de la administración de Justicia, en los gloriosos tiempos de la democracia orgánica, y luego, y eso hace que se sepa mucho sobre quien condenar y quien servir. Lo que ordene la ley es otra cosa.

Y esas son, breve y contundentemente narradas, mi vicisitudes ante el terrible y kafkanoso mundo tétrico de eso de la Justicia. Curiosamente las personas que actuaron con más responsabilidad y culpa son mujeres, juezas, que en todos los casos hicieron lo contrario de lo que debieran, en una actuación no ética y maltratadora, ni ya de mí persona, sino de la propia justicia elemental y la verdad clara. Curioso que fuera a favor de machistos en Mando y machistas de pro, auspiciadas, aleccionadas, aconsejadas cuando no atemorizadas por ellos, que hay muchas formas de temor.
Y todo esto le traigo a cuento y cuentas de lo que nos dice la señora delegada del Gobierno Zapatero en este nota que le escriben y que firma y publica el servicio de propaganda del tinglado de Arriba. Entre otras mentiras está la patente de que 1.060 millones no son el 50% de 1.619 como desliza el texto de la delegada sin empacho ni coxcarse un ápice. Pero esa mentira no es menos perversa que la dar a entender que el problema de la justicia es de presupuesto. De nada sirve dotar de personal afecto al Poder y dependiente y sumiso al mismo, si se trata de hacer justicia. Precisamente me gustaría ver con lupa quienes acceden a esos cargos, seguro que los más son adeptos de la doctrina de Poder y Mando de la Jerarquía que las crea, con ese especial empeño en creer que por dotar de gente la gente hace justicia. Confunde ser con tener de forma clamorosa y peligrosa para el cargo que ostenta, o es demasiado clara y no se va por las ramas gordas en discursos de buenas intenciones que ocultan esas tareas de convertir la Administración de Justicia en el brazo políticolegal del comando gubernamental, o sea de la gente de Arriba siempre, y para siempre.
Referido al ultimo párrafo de la delegada decir que ni todo el tiempo del mundo ni todos los medios arreglan los desperfectos de la llamada Administración de Justicia, que lo que menos hace es justicia, y a lo que sirve es a lo mismo que siempre, a los de Arriba y a la injusticia imperante en este sistema de dominio y falto de libertad, con propaganda que asfixia la tarea de desenmascarar las mentiras impuestas desde esas instancias de Mando y Dominio, que solo sirven a los poderosos, la mentira y la injusticia.
Y quien estime esto exagerado sólo le lanzo el dicho gitano de: juicios tengas y los ganes, pues aun ganándolos, perderás.