28 de agosto de 2008

UN GATO CALLEJERO: CREACIÓN

Ayer cené en Zafra, levemente, con un amigo cuyo nombre no viene al caso. Estaba recordando los años ochenta y la feracidad que uno desarrollaba para ganarse la vida, escribiendo allá y acá. De como me dio por hacer crítica literaria en el Faro de Vigo. Y de como hice crítica de libros que no existieron jamás...
Y a estas mi amigo se altera, me mira sospechoso, me recrimina y apunta con el dedo por mentiroso y burlador de los castos y honrados lectores del diario y de la sección de reseñas críticas y todo eso, del suplemento para el que hacía las reseñas. Se escandaliza, y como no tiene una visión de mi persona como de orden, esto lo alarma más y lo pone en su sitio y seguridad de que soy algo perverso. Como poco, y como acostumbra hoy el vulgo sobre los creadores de ley y razón.
Lo empeoro cuando le digo que algunos lectores escribieron al diario pidiendo datos para hacerse con algunas de las obras reseñadas, que les parecieron muy interesantes, y que no las encontraron, y que hay que ver... Y le digo que el director me felicitó por la ocurrencia, a la altura eximia del gran director de ese diario y preclaro escritor gallego, don Álvaro Cunqueiro, grande artífice de mentiras e imaginarias maquinarias literarias para volar libres, maestro de estos dislates del gozo y contra la razón dominante, el Mercado y todo eso que ya se sabe.
Así que hoy me doy en reflexionar, casi todo el día, en que en este país no existe educación literaria, de que el Mercado y las Editoriales del Negociado han conseguido que sea una sociedad de cretinos sin gusto por la literatura en su sentido primigenio y hasta oral, de gusto por la mera invención. Y que han hecho de las gentes unos consumidores voraces y abotargados, ñoños, de cosas simples y hueras. A la moda de la cosa yanqui y sus escribidores, que imitan los ringorrangos de los famosos de Jolivud y otras menudencias de la cosa idiota de la cultureta del culturetariado en danza del Capital Cañí y ¡olé señor barbián que manda! Que hoy, si no eres famoso, no eres bueno escribiendo, no eres nadie, ni en ningún arte, porque la calidad la da la fama, que eso han hecho creer los Periodistas e Historiadores, conchabados en Publicistas de generaciones (como la del 27, como ejemplo oneroso), inventos pares y cosas así de pobres y mequetrefes, auspiciados por los Políticos y las Instituciones Estatales Donadoras de Premios que dicen quién es el mejor y más y más, y punto. Que en lo tocante a esto el Poder lo puede todo y los Periodistas, Historiadores y Críticos de Garrafa al servicio del Político, o viceversa, lo disponen, como los Soldados y Militares la guerra, y otro punto. Que todo se ha convertido en ese juego vano del cine y sus actores de fama y todo eso, y todo eso tan ñoño e infame de la celebridad de descerebrados famosos que famosean y son por su cara bonita y dura, mu dura, eso sí..
Por el triunfo de la imaginación, no en el sentido de proclama de parque temático al uso, y publicidad inane y huera, sino de revolucionaria visión de la vida, de la propia vida, tal como don Quijote la veía, por poner un ejemplo que es bien conocido por la gentuza de orden y tentetieso.
Durante el día he llamado a la cena de anoche la cena de las cenizas de Zafra, porque me encanta la repetición de fonemas, adoro la aliteración cacofónica con delirio, algo que condena la poética clásica, bueno, más que clásica, conservadora en formol, porque lo clásico es algo más grandioso que conservar meramente en tarro y el tarro. Y porque me acordé -no sé por qué- del título de un tratado de Giordano Bruno: La cena de las cenizas.
Desde luego hoy no se permitiría lo que me permitieron a mí en los ochenta, en un diario que se precie, sin advertir previamente, al personal, del juego. Que no se puede jugar sin marcar el campo, sin árbitros, sin federarse y sin que el público esté advertido. Como en el puto y castrante fútbol de cebollinos y cretinos, que ha marcado todos los juegos para que dejen de ser juegos y se conviertan en deportes, y olímpicos encima, y esas cosas absurdas y corrosivas de todo lo noble que tiene el ludismo del ser humano.
Pero tranquilos, que ya mi gato mantiene la bandera inventiva bien alta, pues eleva a juego de vaya usted a saber qué arcanos y montajes novelescos -sin la apoyatura de la Historia ni madre que la trajo, ni algún suceso real de Periodistas- todo lo que se mueve ante sus ávidos ojillos, sea una plumilla de ave por el suelo y elevada por el leve viento, o la cortina de la puerta del patio, cuando no alguno de los múltiples objetos con los que juega y se entretiene, como yo lo hice cuando escribía aquellas reseñas: con absoluta devoción y entrega, con amor total. Me viene aquello de Carlos Santana, Love, devotion & surrender..., que pongo de Youtube, rogando que tengan la paciencia de esperar una 40 segundos, a que el vinilo arranque, y suene el maravilloso susurro de esa melodía, con lo que nos dice...