30 de agosto de 2008

JUEGOS POPULARES

Durante los casi ocho años que la Revista Torre Túrdula ha estado saliendo, en su primera etapa, he ido publicando, de la mejor forma que he podido, una serie de juegos populares en Llerena. Procuré ser claro y leve al hacerlo. Se habrán publicado como unos treinta, en total, lo que da para un librito en su día. De esa colección que quiero llamar Libros de la Torre Túrdula, hechos como deben hacerse: sin subvención, hermosos, claros, y útiles al espíritu y para la libertad. Por supuesto con el diseño que merecen. Así que busco ilustrador o ilustradora de los tales cuentos, a fin de que vayan convenientemente presentados como deben cosas así. Pero quiero alguien con verdadero afán creador, con entrega y creatividad verdaderas, no con afanes ajenos al arte, como la mayoría de los emborronalienzos y papeles. Había pensado en el amigo Fernando Ruiz Millán, o an Miguel Ángel Montalbán, incluso en Gucemas... Tal vez la mejor idea será proponerles a todos que hagan alguna o algunas ilustraciones para la publicación. Un librito de juegos populares ilustrado por pintores y dibujantes relacionados, de alguna manera, con Llerena. Eso sería estupendo y hay que ponerse manos a la obra desde ahora.
Algunas personas me advierten de la inconveniencia de poner aquí ideas, proponer proyectos y todo esto. Me dicen que hay mucho mal bicho que está a la caza y captura de esas cosas y se adelantan, plagian y copian; pero lo hacen de formas chabacanas y cutres, aunque populacheras, y muy subvencionados. Soy del parecer de que el plagio no existe, existe mimetismo zafio y torpe, la cosa imitativa para comerciar o conseguir todo eso absolutamente antiartístico como es la fama, la gloria y el dinero o la presunta estima de la chusma. Por eso estoy muy tranquilo cuando expongo ideas y proyectos. Son ideas y proyectos que sólo pueden ser realizados por quien los expone, lo otro no es sino mañas de monos.
Sí, un libro lúdico, hecho con ludismo y para ludópatas de los que no están atrapados por la cosa capitalista y de mercado. Un libro de juegos populares contra los juegos olímpicos o del negociado internacional del cotarro de autoritarios y mandamases, policías, teles, periodistas e historiadores y todo eso tan cutre y desgraciado de medallas, enfermedades y tontos esforzados en ser más que, más que, más que, más que..., mejor que y según me dicen que...
Vivir otra vida, sentir otro mundo, y jugar otro juego. Con radicalidad, esto es, desde la base y raíz y desde abajo contra los de Arriba y sus teles, olimpiadas y engaños de ser más que nadie, esa cutrefacta enfermedad de los autoritarios de todos los tiempos contra la gente.

Para completar reproduzco en texto en que expongo uno de los juegos:

JUEGOS POPULARES EN LLERENA
EL GAVILÁN

Continuamos la serie recopilatoria de juegos populares en Llerena. Nuestra intención es publicar aquellos que están más en olvido, para acercarnos a los que, todavía, puede que se jueguen en algún remoto momento de la memoria de unos niños.
También nuestra pretensión es, con estas publicaciones, y esta recogida, iniciada hace años y muy avanzada, casi terminada, encontrar editor y darla en publicación aparte, como otras series de esta revista, de índole etnológica: cuentos, romances, léxico, frases, refranes, dichos, supersticiones, mitos leyendas, instrumentos diversos, ritos, etc. Algo muy avanzado y de material de una tesis. Nada investigado y muy rico y de interés, no sólo para Llerena, sino –como remarcaba Pecellín Lancharro- para la comunidad de Extremadura.
En lo referido al juego de ahora no se han encontrado referencias, como no sean medievales y lejanas: hindúes, chinas, etc. Está desaparecido del uso de nuestros muchachos. Se llama El Gavilán. Con todas esas connotaciones de cazas y cetrerías, cetreros y pájaros volanderos diversos. Un juego más para la vida.

Este juego, como caso todos, se celebra en un espacio abierto. Preferentemente esas plazas de barrios de Llerena, llenas hoy de coches y artilugios, ya que no de juegos y risas. Es otro de los inmensos motivos del rescate de estos juegos populares. Son asunto de ecología urbana, de preservación de la tranquilidad, la naturalidad y la belleza.

Reunido un número par de chavales, siempre más de doce, se elige a la madre, echando los pies. Ésta se sitúa en el centro de un corro, bien estirado, que se forma por los jugadores dándose las manos, y en torno a ella.
Luego la madre, al azar, va tocando a cada uno de los jugadores en el corro por cada palabra de la siguiente cantinela o recitado:
Alza petaza,
Copetín copetaza,
Fue a la fuente,

Come, bebe agua,
Monta tú
Encima de éste.

El jugador señalado con la palabra tú sube a horcajadas, o a cuestas, sobre el señalado con éste. Y lo lleva a más de 50 metros del corro. Vuelve a cerrarse el redondel sobre la madre y ésta repite el rito, con la misma canción, en el último jugador que quedó. Así sucesivamente hasta que quede un solo jugador. Ese será El Gavilán. Todos los demás jugadores serán como presa del mismo, y se hayan reunidos, algaraneros y juguetones, en grupo, a esos 50 metros. Entonces la madre dice a voces:
Allá va mi gavilán
Con cinco uñas de gato
Como no me traigas carne
Te mato.
El Gavilán persigue a los demás, tratando de coger a uno. Los demás corren, se burlan del gavilán, esperan órdenes de la madre. Los que lo prefieren, que son los menos, van y están a salvo si se agarran a la madre. Ésta puede decir:
Hilo colorao.
Y entonces todos los jugadores agarran y zarandean al gavilán y tratan de llevarlo a la madre. Pero con la precaución de que si la madre dice, de pronto,
Hilo verde.
El Gavilán puede atrapar a alguno de los que lo asedian, que quedaría como el castigado.
Así puede pasar un buen rato, haciendo juego con lo de hilo verde e hilo colorao. Hasta que, finalmente, si El Gavilán no atrapa a nadie, la madre opta por decir:
Hilo colorao
Y a casita con el mandao.
Entonces todos sujetan al gavilán y lo llevan a la madre.
Tanto el jugador que sea atrapado como El Gavilán que se quede (castigado) por no atrapar, con motivos de un castigo que consiste en pasar por una especie de pasillo que forman todos lo jugadores, unos a un lado, otros a otro, lo más corriendo posible, a fin de evitar palmadas, etc. Que nunca deben ser peligrosos, y sobre todo está prohibido escupir. Es más el ruido de las voces de los chavales que los posibles golpes. Y así termina el juego.
Por muy presuntamente bruto que pueda parecer, nunca nada ignominioso ni cruel vi en todo lo que jugué de niño. Al pasar por el pasillo de chavales, corriendo, todo lo más que se daban eran voces, entre Escila y Caribdis, alguna palmada en la espalda y nada más. Uno salía a la otra parte como si renaciera a la vida nueva. Juego iniciático a la madurez.
Que se disfrute con salud.