9 de marzo de 2008

MAÑANA DOMINGO









España constituye un estado social propio
de una tribu de eunucos sojuzgada
por una cuadrilla de salteadores.

JOAQUÍN COSTA

Mañana domingo
se casa Respingo
con una gitana
que hace la cama
con una tarama
que hace la cuna
con una aceituna

... ... ... ... ... ...

..., es lo primero que me vino a las mientes, al escribir estas disquisiciones sobre el no voto, el desvoto o la apostasía total a todo eso, rezonablemente, como verán, leyendo mis razones, que no raciones o rezos...

Mañana domingo no voy a votar. Hace mucho tiempo que me abstengo de hacerlo como algo mimético, porque lo organiza el poder de cuando en vez, curiosamente nunca sin mi permiso ni el de alguien que conozca de cerca, o de quien, a lo menos, haya oído hablar. Aunque conozco a uno que dice que conoce a alguien que sabe quien dice que conoce a quien dice que organiza... Ha llegado la hora de pasar a la acción. Por una abstención activa.

¿Por qué me abstengo? Básicamente porque participar en algo falso es darle carta de legalidad, de verdad. Y no es este lugar para demostrar, con sobrados argumentos, pruebas, hechos, que esto de las elecciones no es democracia. Como mucho es electoralismo barato y chapucero. Jamás el poder del pueblo, de la gente. Porque la gente sencillamente lo entrega a quienes le han sido impuestos por los partidos trajineros y sus élites tiranas, totalitarias, caprichosas, arbitrarias, tras de las cuales mueven los hilos los poderes del Dinero y el Mercado, el Capital y el Fascio que construyen y domina.

Mañana no voy al cumplimiento con las reglas que han impuesto esos dictadores minoritarios, no voy a su misa y rito de meter una papeleta en una urna de las limitadas que me ofrecen con los nombres que ellos ponen y me imponen y obligan a meter. Y si voto en blanco o nulo estoy dando carta de verdad a la mentira que supone todo esto del electoralismo engañoso, confundido con democracia.

Mañana no me verán meter papeletas en una urna, o sea, contribuir a la colección de papeletas, en un juego tonto, porque no delego mi libertad en nadie, ni nadie tiene que decirme a quien voto, ni imponerlo, como lo hacen de alguna manera. A nada obligo, a nada me obliguen los señores votantes. Por mí pueden estar toda la vida coleccionando papeletas, pero sin que me manden, ni obliguen, ni condicionen, ni rijan, ni impongan nada. Yo no les he hecho, ni haré nada de eso.

Mañana si no voto, no delego, es por lo que tengo todo el derecho y las razones para exigir que si algo va mal, algo de los que salgan electos por ese sistema, que a mí no me salpique, como hasta el presente. Nada ni nadie les da derechos a apoderarse de las instituciones y sus recursos, de la vida y la sociedad, de todo, con el juego perverso de la colección de papeletas. Y lo viene haciendo hasta la fecha. Verdad es que por la fuerza de las armas y el terror. Ya que si me niego a obedecerles me echan encima sus policías, sus gentes de armas y todo eso que poseen. Así que lo que decidan con sus juegos de urnas, papeletas y elecciones trucadas se me impone. Yo nada impongo, respeto y todo eso.

Mañana a la gente se le obliga, que hay muchas formas de obligar y sibilinas, a elegir realmente dos opciones perversas, que han demostrado ser nefastas para la vida, la felicidad, el bien, la democracia, la gente en general. Son los llamados bipartidistas únicos, arropados por una parva caterva de segundones, que apoyan a uno u otro, más por cosillas de interés que de otras, y todo lo mediático, usado como tralla electoral, desde el asesinato de un señor por ETA hasta la letra zeta, tan noble y última, cuando no el miedo al terror, o al miedo a granel, el miedo al caos, la recensión, la niña desvalida, como zafia metáfora de España. Los bipartidarios no se paran en barreras y juegan con toda la carnaza habida y por haber, echan toda la carne en el asador y todo vale.

Mañana será para mí un domingo más de marzo, sin engaños, ni faenas, ni trucos, ni mentiras, ni entregas. Será día soleado (espero) y tal vez observe a los electoralistas afanados en su tarea de disponer quien manda, porque lo malo es que eligen mandamases, que no servidores del procomún para todos. Eligen agentes de los partidos, impuestos por los partidos para utilizar las instituciones a sus beneficios y antojos, en manera alguna para el gobierno, esto es, servicio de todos por igual y con arreglo a leyes que competen y obligan a todos. Que eso no. Que los salidos de las urnas, como los que salen de una chistera, normalmente se enriquecen, como principio, y son meros agentes de sus partidos y no representantes de la gente para beneficio común. Que esa es otra larga y triste historia.

Mañana seguro que me encontraré el listillo de turno, tal vez más lleno de ignorancia, miedo y no poco odio que me compare con algo nefasto, movido por su interés o el que le inculca el obispo y el clero del partido, la clericalla del sindicato, el enchufe de turno o el favor con que comulga y que debe a algún menda de arriba. Porque la aceptación social y religiosa de la ilusión de la omnisciencia y de la omnipotencia profesional de los políticos de profesión, religiosa, desemboca en credos políticos obligatorios como el que tener que creer a pies juntillas que esto es democracia, con sus concomitantes versiones de un nuevo fascismo.

Mañana se entregará nuevamente la voluntad, en un acto que todo tiene de fanatismo religioso-burocrático, a la dependencia de una élite de profesionales políticos que domina, institucionaliza y ritualiza la casi totalidad de nuestras vidas diarias. Es urgente analizar este asunto. Reclamo el desmantelamiento de los monopolios de esos profesionales políticos, sin otro oficio conocido, y que han impuesto a los ciudadanos como un clero medievalizante, inquisidor y autoritario. El político necesita más el voto, y el devoto, que el resto de la sociedad sus servicios, que a veces son nulos o contraproducentes. La penetración de la política de este corte en áreas cada vez más íntimas de la vida, la mística cuasirreligiosa de que se rodea la administración de justicia ante esto, como ante casi todo, con bendiciones al votado, por muy delincuente que sea o delitos cometa. Que la justicia es la que justifica todo y bendice. En fin, debates que no pueden demorarse por más tiempo sobre esta curiosa y ciega fe sin esperanza ni caridad, que llaman democracia y es mero electoralismo sin objeto ni control de la gente, y coartada del sistema de dominio, bancario, de mercado para perpetuarse y legalizarse.

Mañana estaré sólo ante el peligro, una vez más, en un tiempo y en una región en donde la política aplasta, en el que los votantes, guiados por profesores, confían a tecnócratas del fiasco y el timo, el poder legislar necesidades, la autoridad de decidir quién necesita qué, o qué se hace dónde, porque tiene que ser para lo mejor, porque ellos lo dicen que lo saben todo, sufriendo que oligarquías partidistas, o bipartidistas, determinen los medios con los que deben satisfacerse las necesidades. La puesta al servicio del loco proyecto de un solo señor, como es don Alfonso Gallardo, de toda la burocracia, los recursos, la propia institución, sus políticos electos, los votos de los devotos ciegos, sordos, estafados, lo demuestra. Eso ni puede ser democracia, y es el principio del fin de su desenmascaramiento. Porque es un craso ejemplo de caciquismo de manual elemental. Los políticos de partido al servicio del interés de uno solo, que aparentemente está al margen; pero que se los beneficia claramente, por la cara. Una oposición que no se atreve a desenmascararlo, y que no puede porque el domino de los medios de información es totalitario, una justicia inactiva ante tanta prevaricación y delito, no es, en manera alguna, democracia, y sobre todo con sus leyes en la mano. El trato de favor, el servilismo, la prevaricación a lo bestia es todo lo de menos, en tanto en cuanto el proyecto de refinería de petróleos es un enorme atentado terrorista a estas alturas del estado del planeta y de la zona, de un terrorismo fino, burocrático-industrial y de largo alcance para vidas y haciendas de extremeños. Reivindicar y utilizar unos planes de desarrollo industrial obsoletos, antiguos, que ni generan riqueza, ni trabajo, ni dinamizan nada de nada, como no sea al bolsillo de los promotores caciques, con pingues subvenciones de la UE, la apuesta y reivindicación de que contaminar es un derecho… Tamaña torpeza ha sido pronunciada por los mayores jerarcas en mando de la Junta de Extremadura, sin sonrojo y con todo ese estilo, bellotero y chulo, de los que se sienten seguros con votos arrancados en manejos vergonzosos, en manipulaciones sociales y mediáticas de una vesania sin nombre, creyéndose, tal vez, que son los mejores que nadie, los más listos y los guay del paraguay. Más madera, es la guerra, como dijeron aquellos. Procede la desobediencia civil colectiva de la gente con conciencia, honesta, despierta, sensata, frente a estos trajineros aborregados y con carnero al frente.

A qué seguir, si los lectores saben de mi pensamiento coherente en todo esto, y por fortuna minoritario. Pero, como el agua en la piedra, va calando, gota a gota, entre la gente despierta y no llena de intereses bastardos y de caciqueo. Solo como don Quijote, por fortuna, sin muchos votos, que no quiero, nunca aislado como Robinson. Solo como Larra contra la costra cutre del poder y de la ignorancia, solo como Dom Sem Tob de Carrión, Moisés de León, Casiodoro de Reina, Blanco White, Gil y Carrasco, Joaquín Costa, Américo Castro, Durruti, Miguel Espinosa y tantos pares del territorio, de los que queremos y buscamos la verdad, el bien, la felicidad, sin utopías impías, con mejor certeza y máximo anhelo. Pero, ya se sabe, en la realidad, al contrario que en las pelis y las buenas novelas, leyendas y fábulas, los malos ganan siempre, porque la realidad, esto que llaman realidad, es lo que ellos imponen a sangre y fuegos fatuos.

Mañana no voto. Y me reboto, eso sí. El siguiente paso es la desobediencia civil, el testimonio y la resistencia, para desenmascarar esta mentira del nuevo fascismo, o el viejo franquismo vestío de limpio.

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