26 de marzo de 2008

ESCRIBIR

De siempre entendí, pensé y estuve convencido de que el escribir, el hecho y la forma, el oficio y la materia, el acto y el resultado, era una faena del que lo hace en papel, con lápiz o bolígrafo simple, y en altas ocasiones con pluma, me da lo mismo que fuera cara o de escolar. Incluso hubo temporada que prefería la escritura con plumilla, o pluma de cristal de Murano, y aún tengo recado de todo ello, siempre preparado, ¡como no!, y de cuando en vez me echo unas líneas, cada vez menos, eso sí. Guardo como oro líquido una tinta encontrada en un bote de cristal que, por la pinta y datos, bien es del siglo XVI ó XVII, que un hermano mío encontró en unas obras en uno de estos monumentales conventos, hospitales, casa señoriales y clericales que por Llerena abundaron en esas fechas. Al parecer estaba tapiado, como los libros de Barcarrota. Sólo que no eran libros, era la tinta con que se escriben, el sudor y la sangre, me digo, que no sé sí lo decía Hemingway, que leyó que lo decía algún escritor antiguo, añadiendo también semen y lágrimas, por mi cuenta, como fórmula de escritor, y hasta de mocos. Que sudor, sangre, lágrimas, tinta, mocos y semen, en partes proporcionales, hacen la escritura, cuando no el añadido (in)flujo femenil allá por donde fluya o fuere la escritora.

Siempre miré la máquina de escribir, la mecánica, no la eléctrica, que nunca usé, como algo postizo, algo que no me cuadraba, que incluso frenaba la inspiración. Era algo de escritorzuelos por encargo, o esos profesionales de premios y mercados, algo de contable, en definitiva, de banquero o de señores que trabajaban para banqueros, de gente de orden, eso sí. Manías de uno. Y el contrapelo adolescente y rebelde de ver la típica imagen en la típica peli. Y también la veía alejada de la naturalidad y del silencio preciso para escribir con atención, donosura, respeto, algo que atentaba contra el misterioso oficio de tinieblas y semisecreto de la escritura, tal vez por el ambiente hostil en que siempre lo he realizado. Era como el revolcón con la vecina, la mujer del otro, o la amante secreta, que no necesita alharacas de suspiros ni vaivén de lecho mecánico de teclado alguno. Sólo el silencio, como el pecado más oculto, el hecho más callado, el gozo íntimo de la libertad. Ese tecleo mecánico ensuciaba el aire, la escritura y todo lo demás. Y se me hizo más insoportable cuando, muy joven, oí sus alabanzas en una peli yanqui y por un gringo que iba de escritor. Como si se pudiera ser gringo y escritor. Todo lo más escribano. y escribiente, que están todos hechos unos escribiente. Menos Emily Dickinson, Poe y mis amigos que un día les diré.

Bien que a duras penas me tragué ese asco, esa fobia y me tuve que rendir a la máquina de escribir, como el que se rinde al motor de explosión, a la contaminación, al ruido bandido y valetudinario… Siempre pensando en el sistema que sustituyera el tecleado por otra cosa más humana, digna, libre, inteligente y menos mortificante. Pasó el tiempo. El ordenata hace su aparición y el teclado es prioritario, sobre todo cuando el ratón era casi un ornamento inútil. Que el ratón tampoco escribe. Luego su fue liberando y el pequeño roedor se hizo con muchas atribuciones de las teclas. Yo no desistía y esperaba. Hace como quince años me compré, totalmente esperanzado, un programa que aseguraba que se le podía dictar al ordenata y éste recogía en texto escrito lo que se le dijera. Fue un fiasco y algo pastoso, lento, ineficaz. Y tampoco eso de tener amanuense me iba mucho, lo de dictar. Además exigía dictado lento, vocalizado, como a gili que te escribe.

Hace unos tres años encontré la solución. Un programa que me permitía escribir a mano, manuscribir sobre una tableta, y mi escritura se recogía en el ordenata. ¡Ya no hacía falta teclado! Y que luego podía corregir, ordenar, elegir fuentes y demás configuraciones de un texto… ¡Y podía escribir a mano, manuscribir! Me lo compré y lo instalé en el portátil con el que viajo. Asimismo fue un fiasco, algo denso, poco operativo, enredoso. Además sólo se podía hacer con un boli especial.

Para navegantes he de decir que lo de escanear mi escritura, hecha a folios, a mano, y que un programa me la pasara, tal como mi letra, no es convincente, es lento, enredoso, poco ameno, y muy mecánico. También lo intenté.

No dudo que tanto el programa para dictar y que te escriba el ordenata están desarrollados totalmente. Eso es estupendo para personas con discapacidades, para vagos, o para los que gusten de secretarios y secretarias, todo en uno. Pero esos programas no llegan ni llegarán a mí. Costes, secretos, etc. Dudo menos que el artilugio de la tableta y el subsiguiente programa para escribir a mano, como si se escribiera sobre papel, está más que desarrollado, completo… Pero estamos ante la concepción de la vida, de todo lo vital como mercado y mercaduría. Y cuando escribes un mail ya te están espiando las palabras que usas, y si aparece la palabra libro en tu escrito, ya te acosan con spam, anuncios en tu correo, envíos con todo lo relativo al palabro o palabras que has escrito, desde libro de familia hasta libro de citas. Que el mercado y sus miasmas lo son todo y no nos estamos dando cuenta. Que estamos pensando en las íntimas relaciones como mercado, cuchufleta mercachifle y publicitaria.

Pero voy a lo que voy, la escritura auténtica es la manuscrita, autógrafa, manual y caligráfica. En ella es verdad que se derrama y expresa cada quien. Llegué a hacer un curso sobre caligrafía y el conocimiento por la escritura, y otro sobre terapia por la escritura, o sea caligrafía terapéutica, aparte de los académicos sobre paleografía y diplomática. Y es para mí un gozo el recuerdo de haber manejado, hace más de treinta años, manuscritos importantes como un códice de El libro de Buen Amor, en Toledo, entre otras joyas literarias manuscritas, y antes, en Arenas de san Pedro, un ladrillo escrito por el mismísimo Tostado, aquel sabio que escribió tanto.

Y ayer inauguré la forma nueva de presentar mis poemas, siempre que la cosa lo requiera, o sea, manuscritos y que el lector pinche, con el puntero del ratón, en su imagen, o clique, y pueda leer a toda página esa escritura, que, según me dicen, es más directa, más amable, más auténtica que la fría fantasma de estas hormiguitas digitales sobre la pantalla. Que también tienen su cosa, no creamos.

DISQUISICIONES

Y pensar que todo esto ha venido porque uno deriva sus lecturas, de cuando en vez, por textos como Etimologías, en edición bilingüe, como no, de Isidoro de Sevilla. Libro sabio y que preña, inquieta noblemente, enriquece siempre, y que cada día me parece más una de las obras geniales de la literatura de imaginación de todos los tiempos, de pura creación, poesía, y ese género que estamos por crear y creer. Y, de todo, la lectura de su libro primero, De Grammatica, en el que habla del alfabeto y la escritura. Curioso lo que nos cuenta sobre la Z, tan de mala suerte en estos tiempos, tan usual en la publicidad política barata. Vean: Las letras son pregoneros de las cosas, imágenes de las palabras, y tan enorme es su poder, que, sin necesidad de voz, nos transmiten lo que han dicho personas ausentes... ( Libro I, 3.1). Luego continúa: Cinco son entre los griegos las letras místicas. La primera la Y, que representa la vida humana, y a la que acabamos de referirnos. La segunda, la Z (no puedo poner en el texto la equivalente a la letra Z en griego como hace la edición que manejo) que significa la muerte. En efecto, los jueces colocan el signo Z delante de los nombres de los condenados a muerte. Se la llama zeta, por derivar de thánatos, esto es, muerte. De aquí también el que presente en la mitad una cuchillada, es decir, una señal de muerte. Alguien dijo de ella: ¡Oh, letra zeta, la más desdichada de todas! (Libro I, 3.8). Y finalmente: Libro I.24.1. También en los registros en que nuestros antepasados escribían los nombres de los soldados se utilizaban unas siglas particulares por las que se hacían el recuento de cuantos eran los soldados supervivientes y cuántos los caídos en la lucha. Una T, tau , delante del nombre indicaba que era un superviviente; una Z, zeta, en cambio, era lo que se colocaba junto al nombre del caído. De ahí que esta letra presente en su mitad una cuchillada, es decir, una señal de muerte. De ella dice Persio (4, 13): Y puedes una negra zeta anteponerle al vicio. Para indicar la bisoñez solían utilizar la letra lambda, del mismo modo que para señalar que había muerto anteponían una zeta. En el pago de las soldadas empleaban igualmente notas particulares.

Leyendo esto y en tal texto no he podido más que recordar al innombrable bipartidario y su relación con la zeta y las circunstancias de muerte que rodearon su ascenso al poder, y que no digo que él o los suyos las provocaran, que sería mezquindad por mi parte y mentira infamente. No. Digo que sí, que esa zeta tiene connotaciones de muerte. Y que tal vez lo escrito por Isidoro de Sevilla, no el Isidoro otro, no el González de mando anterior, sino el antiguo, del que tomó en nombre por hispalense y paisano, no sea baladí y tiene más altos vuelos que hoy desconocemos. Y que la muerte y la zeta, zeta y la muerte, estén unidos de alguna manera. Lo desvelaría la p, la letra p. Por lo de ZP, claro. Pero eso lo dejo alambicar a los magos que se atrevan a bucear en sabiduría antigua al alcance de todos. Que en el antiguo Egipto relacionaban la escritura a la magia, el escriba al mago. Si echaran una vista, actual, a los periódicos y revistas quiosqueras y a la propaganda y la publicidad escritas, verían que es así, de formas más soezes y burdas, claro.

Y, por fa, no me metan en el saco de los seudoscurantistas, tan de moda de masas y de códigos de tontos vinciados (sic). Soy más riguroso, serio y solvente.

2 comentos:

Esteban Trujillo dijo...

Un torrente de datos, sentido común y literatura.

Estoy de acuerdo con Agustín: la escritura auténtica es la manuscrita.

Esos poemas adolescentes con nerviosa caligrafía de enamorado....

Buen post.

AAOIUE dijo...

Estoy de acuerdo contigo y con Esteban. La frase parecerá imprecisa o lacónica, pero ¿qué se puede decir ante tu tapiz de apuntes?. Yo también colgué un post sobre *La escritura* en mi pequeño locus amoenus, pero enseguida noté que era como una gota de tinta en el océano. Me gusta escribir a mano y convivo mejor con las teclas que con el ratón, que nos convierte en una especie de cangrejos con un brazo más desarrollado que el otro. El otro día me acordaba de mis tres vocaciones frustradas: la de carpintera, la de conservadora de autógrafos u hológrafos y la de pastora. Manejo el taladro notablemente (hago unos agujeros que luego da pena colgar un cuadro, de tan redonditos que me salen) y soy documentalista de oficio y beneficio. A veces las palabras manuscritas se me muestran como ovejas paciendo ante mis ojos, pero no hay más. Nunca entendí eso de que Dios escribe con renglones torcidos (no lo entiendo al nivel más elemental, no digo ya al teológico) pero sé que las cosas se van desarrollando más allá de las pretensiones o ideaciones que uno se hace. Y ahí está la gracia.
Te digo que vas a sentar precedente. Si alguna vez tengo algo digno de colgar lo voy a hacer a imagen y semejanza de tu "Ponerse colorao". Veré si lo hago a lápiz o en pluma con una tinta que me compré que huele a rosas marchitas. Y verás, si estás ahí, que en mi firma la M es una ola cuando se ensancha y aún no rompe, y que la Z es una +
Un saludo y muchas gracias por el pedazo de blog que tienes. Que nos tengas al corriente de tus indagaciones.

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