8 de noviembre de 2007

PARA UNA POÉTICA 2

Cada día más convencido de que poesía no lee casi nadie, y sin embargo no hay nada que tenga tantos cátedros, puestos, entendidos, enterados, expertos, tanto escribano, y tanto devoto, viste bien entre la progresía, y debe ser porque a Lorca lo mataron por poeta, dicen, que si llega a ser ferroviario… Hacen lo que llaman, por mero mimetismo y lecturas de malas traducciones, poesía libre, dicen, en una estupidez repetitiva sin parangón, es eso de la memoria histórica, otra expresión rimbombante, huera, repetitiva, que nada dice, de moda de una cierta regresía a las cavernas, que se mueve a impulsos de repeticiones de dichos y expresiones absurdas, presuntamente progresistas, sin sentido o con el sentido mermado… Poesía libre, dicen, y todo lo más que van a definir esa poesía libre, es como opuesta a la encadenada, aherrojada, prisionera, la que se hace con metros medidos, con sonoridad musical, con rima y el ritmo musical necesario en toda poesía... Si lo es, desde luego. Y luego, estos mismos miméticos, descubren el haiku japonés, donde el aherrojamiento es total, la cerrazón plena, no sólo de forma sino de la mollera del practicante… Y por esas vesanias del pensamiento turístico, que no universal, porque hoy se confunde al viajero con el turista, con esa presunta apertura al mundo y a lo distinto, y como Japón está en el otro mundo, pues la practican con una fruición y una tal devoción que aterra. Aterra por dos razones, porque pone blanco sobre negro que ni puta idea de poesía, y porque van a imponer su ni-puta-idea-de-poesía a todos, en una ceremonia de la confusión. O sea, que detestan las formas de la poesía clásica, por llamarlo así, en castellano, por no irme al latín o al griego clásico, y eligen formas cerradas, presas, de hacer poesía en japonés y tratan de hacerlo en castellano. Tamaña mentecatez tiene poco de respetable, y todo de burla de tontos o para tontos, si es que esos tontos son respetables, porque los tontos que lo son merecen un respeto y atenderles en sus necesidades…

Llevo muchos años escribiendo poesía, de forma intermitente. Pero lo importante es que llevo muchos más años leyendo poesía, sin intermitencias. Han sido también muchas las veces que la he dejado, la he olvidado, la he mentido, la he vejado, la he atacado, burlado, en el asunto de escribirla… No escribo poesía por nada en concreto. Jamás me he planteado esa útilitable pregunta que para nada sirve, nada resuelve y es cicatera cuando hablamos de arte. Y escribo por, con, desde, a, hacia, para por…, mucha cosas, que van según el momento y el estado mental, la posición en el mundo, mi sentimiento, mi estado de salud… Es , en cierta forma, como cuando leo poesía, algo que nunca he dejado de hacer, repito, leer poesía ha sido desde siempre un continuo en mí, una manía, vicio, costumbre de siempre, y siempre leo, releo, vuelvo… una de las últimas veces que sentí algo inconmesurable en mí, que aconteció como algo más que un sentimiento, algo más, fue hace muchos años, tal vez en 1983, en uno de aquellos viajes a Lisboa que hacía en el Lusitania Expres, que tomaba en Cáceres, sobre las cinco y media de la madrugada, y que me llevaba a la estación de Santa Apolonia, en la ciudad lusa. No pocas veces iba sin billete, como mendigo del transporte, y me colaba en aquellos vagones zarandeantes y mecedores, llenos de gente dormida en un saco de dormir, y en los pasillos, en donde el control para el revisor era una peripecia… Bueno, pues en una de esas largas escapadas a Portugal yo leía o devoraba lentamente el poema épico Anábasis, de Saint-John perse, considerado uno de los poemas claves del siglo XX. La edición era la de Visor, con traducción e introducción de José Antonio Gabriel y Galán, a quien tuve la oportunidad de agradecérsela en Zafra, años después, en 1987.

Desde luego que me dio tiempo a dar alguna cabezadita en aquel trayecto Cáceres-Lisboa; pero al amanecer me fui desvelando y tomé el libro del poema y leí:

IV

Este es el tren del mundo y no puedo sino hablar bien de él.- Fundación de la ciudad. Piedras y bronce. Fuego de zarzas en la aurora
pusieron al desnudo esas grandes
piedras verdes y aceitosas como fondos de templos, de letrinas,
y en el mar el navegante alcanzado por nuestros humos observó que la tierra, hasta su cumbre, había cambiado de imagen (grandes artigas vistas desde alta mar y esos trabajos de captación de aguas vivas en la montaña.
Y así la ciudad fue fundada y colocada en la mañana bajo las labiales de un hombre puro. Los campamentos desaparecen de las colinas. Y los que allí quedamos en las galerías de madera,

Y en esos momentos el tren iniciaba la entrada en los aledaños lisboetas, se notaban las primeras casas que ya no tenían aires de ruralidad, ni de otras poblaciones que no fueran Lisboa…, Su mar, su aurora, su tierra, la ciudad fue fundada y colocada en la mañana bajo las labiales de un hombre puro…, que nos venía, ¿o a la que iba?, sus piedras y sus bronces. Realmente el texto de Anábasis acertó pleno y casual en mi lectura y en mi ser. Fue una iluminación de todo viaje, de toda poesía como viaje. Y mucho pasó en aquellos momentos por mi mente, el poemario escrito hacía años, Viático para Teluria sola, insistente como todo viaje, mi viaje como mi vida, como la vida…

Que no es que leyera con orden, sino que ese libro lo leía como sumergiéndome en él, in media res, si es que res había… Hasta que alcanzaba el estado mental que creo que es la suprema belleza que la poesía de Saint-John Perse nos da, o me daba entonces, sus sugerencias sin fondo, su profundidad… Tengo que aclarar asimismo que leía simultáneamente en francés y luego echaba una ojeada a la traducción espléndida de Gabriel y Galán. Lento, al agradable traqueteo del tren que me llevaba, cortado a veces por esos toques de campanas que se oían, de cuando en vez, provenientes del servicio de los ferrocarriles portugueses, siempre agradable para el viajero.

Y en aquel estado pensé la primea en vez en que tal vez el romanticismo, el pobre romanticismo hispano arruinó la poesía hasta casi siempre. Arrasó la musicalidad de la poesía clásica, sin darnos otra, eliminó el humor, la sátira, el buen humor, y le dio un estreñimiento supremo a todo, una tirantez de tontos y serios, una visión negra de la vida… Y abordó el asunto, el tema del erotismo con esa paniagüez que evoluciona a la sensiblería celosa de los poetas decimonónicos flojos previos al modernismo. En fin, que hay que leer lo que mi admirada Ana Nuño escribió certera al respecto.

¡Tierra arable del sueño! ¿Quién habla de construir? Yo he visto la tierra distribuida en vastos espacios, y mi pensamiento no se distrajo del navegante.

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