22 de octubre de 2007

VALE QUIEN SIRVE

Cosas de los curtos y de su curtura. Ya hice una prospección sobre el asunto, tal vez utilizando mal ciertos métodos antropológicos, que es como me gusta ver esta gente de curtura general y oficial, oficiando. Que es la curtura curtida, como aceitunas o chorizos, y con historia, de las administraciones, lo académico, las empresas del ramo subvencionadas, lo relamido oficial y todos sus aledaños de poltronas y de poder, votado ahora y siempre impuesto a la fuerza bruta de lo consumado y la costumbre histórica de que los que mandan decidan también en eso. En fin todo lo que se llama el negociado de curtura, como una parte más del mando y del trinque político, social y general. Que mi reino no es de ese mundo, ni aun mi república

Y uso curtura así, con erre, que fray Luis de León decía que era letra canina. Y porque presupongo un curtimiento en sus practicantes, o sea una costumbre, encallecimiento, endurecimiento, entrenamiento, ejercicio y experiencia, que todo eso es curtimiento, y más, mucho más, ¡dónde va a parar! Que más que conjugar a todos los del poder y lo académico con el verbo cultivar, al fin y a la postre referente a gente pueblerina y rural y hortelana, en su noble sentido, hay que hacerlo con el verbo alternativo y clarificador de curtir. Porque curtir es adobar, aderezar, preparar, acostumbrarse, endurecerse, ajetrearse, entrenarse, aperrearse, baquetearse, ejercitarse, avezarse, aguerrirse, encallecerse, broncearse, tostarse, atezarse, quemarse, ennegrecerse o asolearse. Y voy a más y propongo cambiar la erre de curtir por la ele, así cultir. Más que nada para no cambiar los carteles y placas en el ministerio de la cosa, en las consejerias del manejo, en los membretes de cartas y diverso material oficial u oficinesco del oficio (¿ofidio?) poltronero y curturá, o en los cientos de cosillas publicitarias que se hacen para la gente: que si mecheros, bolígrafos, llaveros, que hay que gastar el presupuesto entre la gente de propaganda, y en las elecciones hacen rebajas, hay que tener vista... Y las empresas del ramillete bipartidario ahorran, que no estamos pa derrochar, oíga, al no tener que imprimir todo de nuevo.

Ese ladrón de la Biblioteca Nacional no hace sino poner en práctica lo que ve, y le enseñan, aleccionan y casi obligan. O sea utilizar la curtura para la pela o el euro, la manipulación curturá pa vivir y enriquecerse y tener poder adquisitivo, y calidad de vida, y votos, y auto, y chalet, y comida, y agua, y pan, y circo, mando, poltrona, querida, querido recién salido de armario ropero bien lleno y a la moda y modos… Tal como sus aleccionadores de siempre, tal como sus maestros con la cosa curturá, los políticos de garrafa, o ya de marca mayor.

No hay más que mirar: la oficialidad valora un poeta por sus dividendos, su rentabilidad, bancaria definitivamente, porque si es partidario (PPSOE) es bancaria, que no me digan más. Y todo se reduce a premios, concursos de competición, entre fútbol y crreras de autos, y dividendos como cotizaciones en bolsa, sino que lo digan a don Á V, cuya toda valía estriba en ellos, y desde ellos ve y valora, como toda gente de oficina y mando en lo curturá, que en su web, entrada sí, entrada no, nos habla de negocio y los premios. Que es mu libre, y todo lo libre que quiera. Pero que no salpique, ni confunda lo cultural con lo curturá, o cultural de cultir.

La oficialidad valora según se vale con los parámetros que ella misma marca, por los valores que impone, no con los valores reales del arte y la parte. Para ella el arte, la poesía, los mapas antiguos que marcan tesoros, la literatura, la cultura y las artes valen en tanto sirven, según el lema aprendido por sus jefes en la antigua OJE franquista, que es el lema de to cristo en el día de hoy para esos avatares de curtura: Vale quien sirve, lo que sirve, si sirve, etc. Que ese es el franquismo desmemoriado, interiorizado, que todo lo ata bien atado, el que me interesa desvelar en la memoria histérica de los desmemoriados, esas son las fosas séptica llenas de huesos duros de roer, esas son a las que ondear repúblicas y banderas republicanas (de re publicae, asunto público), como vade retro

La oficialidad tiene hijos, bastardos pero hijos, como ese ladrón de documentos y libros, ansioso de curtura, de la curtura de la oficialidad que se traduce en euros, en transacción de lo cultivado por euros contantes y sonantes… Y con la falta de valores filiales al día, bien se pudiera poner como ejemplo, y que el gobernante presidente le done un sueldecito, prebenda o subvención, tal como a la nascituros, por ejemplo y como ejemplo de ellos.

La oficialidad curturá destruye, domina, miente, manipula y veja los valores culturales, al servicio del dinero, el poder, la banca, intereses, la moda y destroza el arte, sobre todo el literario, que así domina, controla, tal como los del premio Planeta, y sus poderes terrenales y dinerarios. No es mera casualidad que los jefes de estado estén presentes en los eventos de fallo del premio Planeta. Tal Planeta y el mando y poder son lo mismo, son aliados curturales. Y como lo primero que ha caído ha sido la gloriosa trinchera de los críticos, pues ahora todo el monte es orégano, u oriégano, como se dice en Llerena, porque el monte es suyo por por entrega de la servidumbre voluntaria en votos.

Desde luego no me faltan razones, tal vez tenga toda la razón. Pero ellos, los curturales callan, el silencio se apodera de ellos sobre gente como yo, sobre este poeta se cierne ese tiempo de silencio del que trata la novela, genial en todo esto, de Luis Martín Santos, que por mucho que hayan leído, admirado, recomendado en los estudios secundarios, y homenajeado, no entenderán nunca más que para aplicarla sobre los herejes. Como llama viva de hoguerra (con erre canina) inquisitorrial (iden con la erre) moderna. Que no sólo hay que tener la razón, sino buscar quien me la dé, y en esa pendencia no entro ni salgo.

Que les vale quien sirve, quien es servidor o esclavo, sea de oficio o voluntariamente, quien es servidor por chusco, vino, fembra (que las mujeres las venden y compran como cosas) y piltra, que sobrevivir tira mucho, oye; y le sirve para lo que sirve, que no yo, madre, que no yo, que diría la copla.

Y lo más lacerante es que las mujeres, en quienes uno confiaba que no liberarían de esos usos y costumbres, desean ser iguales en aplicaciones de lo curturá, igualitos que la varonía dominante. Para echarse a llorar, mira tú, para echarse al monte que no es oriégano (que así se dice en Llerena, en uso de diptongo luso y suave).

Seguiremos informando.

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