17 de octubre de 2007

ANA NUÑO

Compro tres libros. El collar de la paloma, de Ibn Hazm de Córdoba, en versión de don Emilio García Gómez, porque el ejemplar que poseo está seriamente vejado de tanto trajín... Este tratado sobre el amor y los amantes es, en palabras de José Ortega y Gasset, entusiasmado prologuista de la obra, el "libro más ilustre sobre tema del amor en la civilización musulmana", y yo añado que en toda civilización, sea musulmana o atea, cristiana o mediopensionista.
Otro libro es de María Zambrano, El hombre y lo divino, que leí prestado en su día. En edición nueva y barata del Fondo de Cultura Económica, colección Heteroclásica, marco Pensar el español. Y en esa misma colección el útimo libro, El pensamiento de Platón, de Juan Nuño, con prólogo de su hija Ana Nuño.
Conocí a Ana Nuño por teléfono, y fue sobre 1997. Sí creo que fue el último año que estuvo al frente de la madura revista Quimera, de literatura y crítica literaria. Llamé a la misma revista, a cuento de no sé que asunto que precisaba, tampoco recuerdo si fue a cuento de ser suscriptor antiguo, o por alguna cosa como dar cancha en la misma a algún producto editorial tipo premio planeta, que vaya cara la de algunos mediocres... Lo cierto es que se me puso la mismita Ana Nuño y charlamos de lo divino y de lo humano, y me invitó a mandar alguna cosa a la revista para su publicación, como lector y suscriptor, amén de creador, por considerarlo importante y rompedor con la línea de la misma. Claro que con semejante postura está claro que no iba a durar mucho al frente de la revista, y así creo que fue a los pocos meses... Como así ha sido.
Luego leí su Sextinario, preciosa muestra de sextinas impecables. Y sobre todo el prólogo del mismo, en donde Ana pone dedo en la llaga de los males de cierta poesía moderna en castellano, o presuntamente moderna. Y los males derivados de la acción del romanticismo en la poesía, que han sido devastadores. Sin ir más lejos eliminó el humor y la risa, y acicaló el deseo, lo rijoso y veló todo de cendales de leves brumas y esas cosas tan románticas y tremendas de los sensibleros de pacotilla, para tapar la mismita realidad hermosa, lo patente de la vida y del fulgor y la libertad y la mera carne...
Así que desde hoy tengo en mi cabecera, viajera en estas semanas, un nuevo título, del que hablaré a los lectores con pormenor. Asimismo que pienso tratar de El collar de la paloma y de las razones de sus muchas lecturas como para estar tan cansado que procedo a usar otro ejemplar, a la vista del usado, del que no puedo prescindir por el cúmulo de notas, subrayados y escritos propios, incluso ajenos de algún lector amigo al que lo presté, que no dejan de iluminar el texto del musulmán que escribió, científico en saber, sobre el amor y sus cuestiones o demonios, que dijo algún poeta nada huero.


Imagen sobre Ana Nuño, tomada de Visages de femmes,
Galerie de Guidu Antonietti di Cinarca, a quien agradezco

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