8 de junio de 2007

TEMPS DE LLUNA

En la mudanza en que estoy inmerso, lo que realmente mudo, como cosa grande y aparatosa, es mi biblioteca. Algo mucho más trabajoso y duro de lo que en principio sospechaba, con sospecharlo.
Reordenación de libros, limpieza de ejemplares repetidos, releídos, ordenación nueva, acorde con el sitio más amplio, diferente...
Encuentro sorpresas, saludos, hallazgos, imprevistos, libros y publicaciones que ya había olvidado. No he hecho nunca una ordenación metódica de la biblioteca, confiando siempre en mi memoria, en mi portentosa memoria para mis libros. Pero el tiempo se empeña en fastidiarme en eso memoria, y tengo olvidos. Así que me planteo organizarla, ficharla y todo eso, que ya alguna vez intenté. Seguramente que necesitaría un becario o un subvencionado para hacerlo. Es trabajo de varias jornadas, por no decir algún mes. Tampoco conté nunca el número de libros que hay, ni puedo o sé calcularlo a voleo, aunque ahora me atrevo. Dedico un rato al cálculo, contando, aproximadamente lo que abunda en una estantería, y multiplico por el número de estanterías iguales. Así que me salen entre más de ocho mil y cerca de diez mil, ya que algunas estanterías son diferentes, y hay libros en otros lugares que no son estantes... Así que acuerdo conmigo mismo ordenar metódicamente la biblioteca, y continuar el fichaje, que en su día inicié, hace cosa de veintitrés años, más o menos, así como reunir los libros por géneros, en su sentido tradicional, a fin de que me sea fácil encontrar lo que busque, ya que cuando me falla la memoria portentosa que antes tenía, pues me veo conminado a buscar y buscar, como poseso, hasta que encuentro lo que busco, y ello a veces resulta muy neurótico, y me ha ocasionado más de un disgusto innecesario. Los trabajos y los días, siempre los días y los trabajos.
No me sorprende este primer ejemplar de Temps de lluna, la revista barcelonesa en la que tube el honor de colaborar, allá por los años ochenta. Este primer número lo conservo en el mismo sobre en que me lo envió mi amigo Ramón Carbó, el 26 de noviembre de 1983, con una nota breve, desde la oficina de la Caixa en Travesera de Dalt, en donde entonces trabajaba.
En ella colaboran Aute, José Antonio Labordeta, entre los muy conocidos. La portada reproduce un dibujo de Pepe Ocaña, pintor y poeta andaluz en Las Ramblas, que murió por carnavales en su pueblo, Cantillana (Sevilla) cuando se incendió su traje de sol, de lo que iba disfrazado.
Recuerdos vivos de la Barcelona que viví por aquellos años, tan diferente de la que encontré en los tres meses de 2001 que volví a vivir. Y no es la añoranza ni que fuera más joven, es que la vida, sobre todo la vida libre de las calles, los barrios, la cultura, la creación, la han cambiado para peor y más mezquina; aunque siga siendo Barcelona. La única capital peninsular en la que viviría muy a gusto, de tener que elegir.

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