21 de junio de 2007

¡VIVA LA INCORRECCIÓN LITERARIA VIVA!



Para lo correcto artísticamente, que es mucho más penoso, y afrentoso, que lo políticamente correcto, el maestro Cristóbal Serra es traca.
Ya se sabe que lo correcto literariamente, artísticamente, en Extremadura, va paralelo a lo correcto políticamente. Es como el florero que los que mandan ponen en sus cosillas de mando.
Releo con delectación inusual su Ars Quimérica, esa obra inencuadrable, esa labor genial en literatura, y como genial, en estos tiempos de mediocridades y babas comerciales para tontos titulados, marginal, rara.
Incluso algún visitador de este sitio la tacharía, en su mendaz ignorancia, de que Serra escribe fatal. Porque como juzgan por el gusto, ese gusto educado (mal) a la intemperie del comercio, el trinque, los intereses inmediatos y mezquinos, es labor de ganapanes maleducados y torpes, ya que no saben usar el caletre que natura los donó, si es que la dicha mollera les sirve para algo más que para ir encima de los hombros, pues usan de ese su paladar estragado por el uso y lo impuesto para que todo permanezca conservado en ese formol de la costumbre, el interés, lo correcto, lo que debe ser y la moral que manda...
Pero dejemos los que ladran. Serra se elevará muy por encima de ellos. Lo malo es que siempre acontece cuando pasa el tiempo y la muerte física del autor acontece. Porque esos ignaros correctos, literariamente, son los aliados de la muerte, de la nada, del vacío sin creación, castrado, liquidado, muerto...
Cristóbal Serra es original, escritor secreto, de obra ascética, vanguardista, de continuo juego con las palabras, sencillo y de un humor siempre corrosivo de los postulados y manías impuestas desde la costumbre, la propiedad privada de los medios de producción, la política correcta, y la estulticia reinante, amén de la sapiencia de los que administran el saber desde las covachas del ramo.
Viví, allá por 1985, todo un año largo en Mallorca. Por asuntos de trabajos y de amores. Era joven y leía a destajo, pese al trabajo y la busca de la vida. Alguien me dejó algo de Serra, fue lo primero que leí. Lástima que me supo a poco, pues poco era. Luego encontraba todo lo que iba publicando, lo leía todo...
Aconsejo leerlo. Especialmente esta Ars Quimérica, que contiene casi todo lo que se puede esperar de él, con la limitación que eso supone, ya que tiene más. Con ser este volumen recio y largo. Y releerlo de cuando en vez. Que se disfrute.

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