21 de diciembre de 2006

A UN CONSERJERO DE CURTURA



ÁTOMO CULTURAL

Un enano rufián ya tan castizo
del pendón a quien sirve tan lucrado,
rindiendo, años ha, tan vil recado
de cultura falaz tan de chorizo.


Porque vuela lo culto asustadizo,
del consejo pequeño trastornado,
de consejero chico agorgojado,
raquítico barbián tan de postizo.


Empobrece a mitad de su medida,
pues todo lo mengua mínimo alfeñique.
Su fiero raquitismo es homicida.


Su política sed da el espolique,
de la creación feraz es parricida.
Ínfimo, microscópico cacique.



En la larga tradición de la poesía satírica traigo a la memoria el soneto a un hombre pequeño, de Catalina Clara Ramírez de Guzmán, al poner este mio aquí. Por cierto que es tradición trunca, pues los poetas de fama y rompe y rasga no la practican, por miedo, timoratismo o servilismo político y social, vulgo pesebre. La poetisa llerenense fue maestra en poemas de corte satírico y burlesco. Especialmente la tomó con los hombres chicos, enanos en todo sentido, asunto de su soneto y del mío. Será porque los alfeñiques son asaz ignorantes, miedosos y odian, lo que los conforma como seres humanos mu malos. Pero más que a lo pequeño de cuerpo se refería a la mezquindad de la persona, tal como lo hago aquí en mi soneto, o intento. Ha sido tema muy trillado este de la mezquindad. Desde luego no por los poetas ruinas y de premios, los de partido, subvencionados, pagados por los caciques para inquirir quien es y quien no, etc., y todo eso que sabemos del triunfo comercial del Capital y del Estado instrumentalizado a servicio de pocos y perversos poetas y demás laya de apoyatura, entre la que está ese mayoritario público basura.

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