29 de diciembre de 2006

QUADERNO DE DEXADOS - veinte años

Se han cumplido veinte (20) años de la primera edición de mi poemario Quaderno de dexados. Fue en diciembre de 1986, aunque fue escrito entre 1975-82. Aquella edición, que se regalaba con el Periódico Extremadura, que fue el inicio de la truncada forma como Pepe Higuero pretendía editar y regalar, con el diario, obras de autores apartados de los usos y editoriales institucionales y politizadas, por ende. La enorme tirada de aquella edición, que fue sobre 20.000 ejemplares, lo que en poesía no deja de ser inmenso, se repartió por el universo mundo. Llegaron ejemplares a los rincones más alejados. Me recuerdo dedicando, empaquetando y enviando por Correos los libros. Entonces era muy barato hacerlo. De entre las personas a las que envié ejemplar está León Cubero, paisano, amigo y hombre de bien, culto, lector y atento.
Quaderno de dexados fue finalista de los premios de la prensa, en una época en la que me presentaba a premios como modus vivendi, para vivir, sin más pretensiones, pues no las tienen. Como la edición cogió desprevenidos a los mandarines del cotarro cultural y poético, que siempre en Extremadura han actuado desde las instituciones, diciendo quien vale y quien no, pues por aquí pasó desapercibido, pues lo acompañaba la polémica de aquellos premios de la prensa, que a partir de entonces no se convocaron más y desaparecieron. Sé que algún poetastro que en el jurado estaba se escandalizó por algún poema del libro. Y el amigo Pepe Higuero, que asistió al fallo en el Hotel Zurbarán, de Badajoz, y con el que compartí mesa y mantel durante la velada de entrega del premio, me prometió editarlo, como hizo. Luego ha habido otra edición de la revista Cristal, de Tarazona (Zaragoza), y otra que iba a hacer Ediciones Libertarias, a instancias de Juan Goytisolo, que se lo recomendó al editor, pues creía que tal libro merecería una edición más lujosa que la que se le hizo en papel prensa. Pero eso fue por 1989 y en Ediciones Libertarias riñeron los socios. Recuerdo una estancia en Madrid por aquella época, y acercarme a la sede de la editorial y ver como no se lo habían tomado muy en serio, a no ser por las cartas que me enviaron, o a mí me dio esa impresión. O tal vez la riña de los socios era más importante. En fin, conmigo nadie se ha puesto todavía en contacto para hacerme saber de mis copias enviadas. Lo mismo hasta hay esa edición por ahí y yo sin saberlo. Y seguro que agotada, con reediciones diversas, pues los editores de Libertarias eran un poco piratas.
Aunque recibí innumerables cartas de críticas, felicitaciones, que siempre agradecí en mi soledad creadora, que van desde Buero Vallejo, Antonio Gala, Goytisolo, Senabre, Delgado Valhondo, Félix Grande... Es esta, del amigo y paisano, la que más agradecí con el tiempo. No me resisto a publicarla en este lugar con motivo de la onomástica de la edición primera de Quaderno de dexados.
Tengo que añadir que se me han saltado las lágrimas al volver a leer esta carta de León. ¡Cuánta verdad compartida encierra! Y hoy, como ayer, Llerena sigue siendo una ciudad levítica, porque todos siguen el sacerdocio impuesto ahora por la política correctísima, donde los clanes usan los nuevos-viejos valores para su beneficio, sean el partido, las instituciones o lo que sea. Por ejemplo a unos les ocurre hacer un museo, como si ello fuera lo más necesario para los ciudadanos de Llerena, máxime un museo cuando no hay nada museable, nada con criterios modernos y actuales. Pero eso del museo es muy importante para los de siempre. Así que, amigo León, esa historia sigue tan pillada, tan mangoneada y estropiciada como siempre. Es la bendita tradición.

CARTA A AGUSTÍN ROMERO, POETA

Querido Agustín: No importa la aparente distancia que en el tiempo nos separa de estos paisanos heterodoxos disidentes, perseguidos por la ortodoxia coactivamente impuesta -todavía marginados por la falta de amor e incompresión que hoy como ayer se mantienes incólumes- para sentirse identificados con ellos, siempre que las actitudes prejuiciosas y dogmáticas no hayan viciado nuestras posiciones libres y críticas con la opresión y la coerción que son constantes de la historia, en cada momento con mi ropaje ideológico muy semejante. Es tu
Quaderno de Dexados un ejercicio catártico, no asumible por los sacristanes de hoy y de siempre, los obispos pirómanos, los nobles e hijosdalgos emparentados con el Santo Oficio: el sentir la culpa retroactiva por lo que sucedió en Llerena durante cuatrocientos años. Esta catarsis sólo está al alcance de quien, a buen seguro, poco o nada hicieron contra tan desventurados hermanos, por ilógico que ello pueda parecer. Quizá esto que acabo de expresar coincida con lo que escribió Umbral en El País del 10 de Julio de 1979, en su sección Spleen de Madrid titulado LLERENA: Llerena está hoy aquí. Llerena somos todos. Llerena de empalados y desenterrados, leva de muertos, remolino ascendente, espiral de esqueletos hacia el campanario, visión de un Greco que ha visto a Valdés Leal.

Quizá sea una abstracción o un sentimentalismo sentir una emoción y una indignación por los asesinados de hace cuatro o cinco siglos. Me dejo caer en esa tentación, en ese abstractismo, en ese sentimentalismo. El sentimentalismo tiene mala prensa, mala filosofía desde hace muchos años
.
Esto escribió, también en Julio del 79, Pozuelo, en
Triunfo.

El tratamiento poético que das al fenómeno histórico de nuestros
dexados paisanos, no sólo resulta tan válido como cualquier otro enfoque, sea histórico, filosófico o literario, sino que lo hace más asequible por su sentimentalidad. Plenamente has conseguido tu propósito reivindicativo y solidario. Tu posición de compromiso resulta tanto más digna de alabanza por la valentía que supone el enfrentamiento dialéctico a un contexto hostil, proclive, por influencias seculares y subconscientes habitualmente cultivadas por quienes se benefician de ello, a estos dexados, que con un lenguaje actual podrían ser mitad pasotas, mitad críticos del sistema, en un análisis simplista y aproximativo; pero en el fondo bastante más complicados. Para entenderlos habría que conocer los escritos de Luis Vives, Juan Valdés, Erasmo u otros eximios iluministas, como tú los conoces.
Cuánto espanto y cuánta piedad encierran los versos de tu poema
Alarido luminoso, que dedicas a Wilhelm Reich. ¿No son acaso la psiquiatría y la política unidas en nefasto maridaje, la versión moderna de la Inquisición? La nueva encarnación de la teocracia (el partido-religión-dogma) amalgamada con el poder-represión otra vez.
Por un imperativo de sincera modestia, dejo para los literatos e intelectuales que con tanta justicia te han felicitado, Francisco Umbral, Antonio Gala, Juan Luis Cebrián y tantos más que ahora no recuerdo, el análisis de tu lenguaje poético. Ello no me impide, sin embargo, manifestarte que si he leído cinco o seis veces desde el prólogo hasta el sumario tu
Quaderno de dexados se debe, ni más ni menos, a que queda establecida, gracias al poder y a la magia de tu verbo, una corriente de empatía entre el autor y su temática con el lector, cosa muchas veces no fácil de conseguir, al margen de las calidades de la poesía actual que no llegan a hacernos vibrar.
En algunos de mis viajes a Llerena te comenté los artículos que escribí con motivo del último descubrimiento del gigantesco osario aparecido en la torre de la iglesia parroquial, en
El Adelanto de Salamanca, y la polémica que a propósito surgió con la contestación que recibí por parte de un erudito insensible y consecuentemente proclive a la benéfica y redentora obra del Tribunal del Santo Oficio. Este confesor de beatas, motu propio o acaso impelido por algún reaccionario llerenense, afincado en Salamanca, se apresuró a hacer una apología del Santo Oficio por la benignidad de sus castigos -lo que es totalmente mendaz e inexacto y para ello me remito a los recientes estudios de Henry Kamen y Bartolomé Benassar.
Fue curioso que aquel mismo verano de 1979 un apopléjico canónigo pacense diese durante los días de las fiestas patronales -cuando los exiliados, que pueden o quieren, vuelven a reencontrarse con su ciudad- una conferencia sobre la Inquisición en Llerena. Curioso también el título de ésta:
Llerena, Inquisición y alumbrados, coincidente con el de mi artículo periodístico mencionado. No hay que ser un lince para presumir sin posibilidad de errar que fue cierto clan o familia la que promocionó este lamentable acto apologético y acrítico. Uno de los momentos estelares del discurso del clérigo fue cuando con encendido verbo describió el glorioso júbilo con que Llerena celebró su elección como sede del Tribunal del Santo Oficio, derecho que le discutió otra levítica y episcopal ciudad extremeña.
Querido Agustín, ya va siendo hora, de que la verdadera historia de Llerena la empecéis a escribir los jóvenes universitarios con unos criterios totalmente diferentes a los que hasta ahora se han ido aplicando por ratones de biblioteca y depredadores de archivos, que han usado en su propio beneficio, expurgando cuanto no era acorde con su ideología.
No creo que me queden muchos años de vida, pero sí acaso los suficientes para que a mis manos llegue, -y a la de tantos llerenenses de la diáspora- ese libro que por razones obvias todavía no ha podido escribirse.
La Inquisición, al menos en su espíritu, o en otras formas más sibilinas, pervive todavía en algunas ciudades con singular pujanza. Benditas sean las luces de tus papeles poéticos que alumbrarán a tantos que hasta hoy no sufrieron o no quisieron ver.
Un abrazo muy fuerte y el reconocimiento por tu cariñosa dedicatoria.
Tu paisano e incondicional amigo:
León Cubero Vázquez
En Ciudad Rodrigo, para Llerena, a 4 de Febrero de 1987

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